Maximiliano Martínez recuperó la sonrisa. Cuando se había ganado un lugar en el equipo titular de San Martín, una lesión en el hombro izquierdo en el encuentro frente a Unión Sunchales, por la fecha 6 del Argentino A, le quitó la continuidad que tenía hasta ese momento en el plantel superior. Pero como no hay mal que dure 100 años, el defensor volvió a trabajar junto al resto de sus compañeros, y ya piensa en el regreso.

El lateral izquierdo mantiene la frescura que le transmitieron en su hogar del Barrio El Progreso, de la ciudad de Alderetes, donde vive junto a su familia. Allí están sus padres, Ramón y Adriana, y su hermana Soledad, de 23 años.

El pibe, de 19, aún recuerda sus comienzos, que se remontan a los torneos de baby fútbol en Alderetes. "Mi padre, que me consentía en todo, a los 5 años me llevó a jugar en un equipo del barrio que era dirigido por Antonio "Lele" Ibarran. Fue una época hermosa que recuerdo con mucha nostalgia", destacó.

Después, "Maxi" llegó a Sportivo Guzmán, de la mano de su papá. "Fue a los 10. Integré la clase 92 y estuve hasta los 12. Luego de un partido que perdimos por goleada contra Argentinos del Norte, los directivos de esta entidad me propusieron irme a jugar al ?sagrado?. Acepté y estuve un año", comentó.

A los 13 se fue a las inferiores de Newell?s. "Fue una hermosa experiencia, pero me costó mucho estar lejos de mi familia. Integré el plantel que jugaba en la Liga Rosarina y también en el equipo que participaba del torneo de inferiores de la AFA", señaló "Maxi".

El desarraigo que afecta a muchos de los pibes que a temprana edad dejan a sus seres queridos para probar suerte en el fútbol grande, hizo que Martínez decidiera pegar la vuelta.

"Cada día que pasaba me costaba más acostumbrarme a pasar tanto tiempo lejos de los míos. Era la primera vez que estaba fuera de mi casa; por eso me volví. Mi familia apoyó mi decisión", destacó el lateral.

Como San Martín había conseguido el ascenso a Primera en la temporada 2007/08, se fue a probar al "santo". "Recuerdo que jugué un partido en la clase 92 y al rato me subieron al plantel de Sexta. Allí entrené dos semanas y terminé practicando con la Reserva. Me llegó un premio inesperado cuando nos enfrentamos contra Gimnasia y Esgrima La Plata. Se me dieron tantas cosas buenas en tan poco tiempo que terminé de convencerme de que había tomada la decisión correcta de irme de Rosario. No me equivoqué", aseguró.

En su corta carrera como futbolista, Martínez no duda en considerar que la mayor alegría que hasta ahora le dio el fútbol fue su debut en el equipo de la B Nacional. "Fue en la temporada anterior, en el encuentro que jugamos en La Ciudadela contra Instituto. Cuando me confirmaron que iba a jugar, juro que me costó dormir esa noche. Es que el sueño que había arrastrado de mi época del baby fútbol comenzaba a hacerse realidad. Hoy soy un profesional", concluyó.